Nadie sabrá que entraste más allá de la puerta
de mi oscuro aposento, una tarde de Abril.
Ni sabrán cuantas flores deshojaste apurado
desde el umbral al final del jardín.
No hay sospecha de que fuiste el anónimo viento
que movió mi veleta con fugaz frenesí,
que fuiste la cola de mi errante cometa,
o la mancha indeleble en mi blanco mandil.
Fuiste osado jinete de mi amor desbocado
ladrón de sueños, pero ladrón al fin,
por eso entre estas páginas quedarás condenado
sirviendo condena por esa tarde de Abril.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment